Ya estamos en edad de enamorarnos de verdad, de llorar por decepciones y también, de la risa; ya no estamos para llorar por amores de uno o dos meses, mucho menos para estar con una persona que no sepa, ni quiera saber como hacernos reír.
Espera
Toda la noche le esperó, con el corazón prensado en los durmientes, en el sobresalto que vendrá a ser la memoria. Los silbatos estriaban la madrugada, entre la neblina él y el cansancio de los extranjeros. Nunca volví. Suspendido en el brillo de los ojos, quieto desde la estación de San Bernardo, observo los trenes que llegaban, de donde nunca partió mi regreso.
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