Ahora entiendo por qué no funcionó con nadie más.
Le tenía que encontrar, a usted con su paciencia interminable.
Sus regaloneos, su forma de hacerme sentir bonita, las conversaciones nocturnas, sus abrazos interminables luego de hacer el amor, esa forma que tiene de cuidarme la espalda al dormir, los momentos de risa, la manera que tiene de hacerme sentir regalona, su incondicionalidad, lo bien que se lleva con mi familia, el no decir garabatos delante de ella, el siempre hacer metas de a dos, no que cada uno ande por su lado, su amor.
Tenía que encontrar esto para que, al fin, pueda ser completamente feliz.
Ya nada me falta.
Espera
Toda la noche le esperó, con el corazón prensado en los durmientes, en el sobresalto que vendrá a ser la memoria. Los silbatos estriaban la madrugada, entre la neblina él y el cansancio de los extranjeros. Nunca volví. Suspendido en el brillo de los ojos, quieto desde la estación de San Bernardo, observo los trenes que llegaban, de donde nunca partió mi regreso.
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