Para penetrar, para entrar, para habitar en su mundo hay que saber lo que dibuja su mirada. Dar la vuelta al mundo es conocer sus miedos, su pasado, sus manías, sus espantos y sus excentricidades. Un abrazo sirve para repararla, para reconstruirla, para sostenerla, para no perderse más, regálele un futuro estable, con amor, respeto y fidelidad asegurada y ella le dará una vida entera de magia.
Espera
Toda la noche le esperó, con el corazón prensado en los durmientes, en el sobresalto que vendrá a ser la memoria. Los silbatos estriaban la madrugada, entre la neblina él y el cansancio de los extranjeros. Nunca volví. Suspendido en el brillo de los ojos, quieto desde la estación de San Bernardo, observo los trenes que llegaban, de donde nunca partió mi regreso.
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