"No sólo me abrió su corazón sino que también me invito a leer su libro favorito. A entender ese mundo que en cuestión de segundos le hacía llorar y de pronto le hacía reír. A conocer todas las personas que era y ocultaba del mundo. Y tomó mi mano con fuerza como cuando se toma una decisión apresurada: -Quiero estar siempre contigo. Pero era muy cambiante. De un día para otro me hablaba de otro autor y olvidaba al que tanto quiso. Me daba miedo, me daba pavor, que a mi me pasara lo mismo. Que un día llegara a dejar de latir en su corazón y ya nunca me permitiera estar juntos. Ni entrar a su casa ni conocer lo que le apasionaba ni escuchar su voz. Que sencillamente me dijera sin remedio: -Me aburrí de ti. Ahora estoy conociendo a alguien más interesante. Y vivir el resto de mi vida con esa triste verdad".
Espera
Toda la noche le esperó, con el corazón prensado en los durmientes, en el sobresalto que vendrá a ser la memoria. Los silbatos estriaban la madrugada, entre la neblina él y el cansancio de los extranjeros. Nunca volví. Suspendido en el brillo de los ojos, quieto desde la estación de San Bernardo, observo los trenes que llegaban, de donde nunca partió mi regreso.
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