Entonces ¿que hizo usted mal? Nada. Hay hombres que simplemente no merecen a una mujer que los haga felices.
Ellos solo quieren a una amiga con derechos que no sea una carga. Y esos amiga mía, no valen la pena.
Espera
Toda la noche le esperó, con el corazón prensado en los durmientes, en el sobresalto que vendrá a ser la memoria. Los silbatos estriaban la madrugada, entre la neblina él y el cansancio de los extranjeros. Nunca volví. Suspendido en el brillo de los ojos, quieto desde la estación de San Bernardo, observo los trenes que llegaban, de donde nunca partió mi regreso.
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