Te digo que te amo, pero no te suena bien.
Vuelvo a intentarlo con más énfasis, pero tampoco te convence.
Nos miramos un rato, en silencio y rompemos a reír a carcajadas.
¡Pero en qué estaría pensando!
Que se vayan al carajo las palabras.
Te acaricio el cabello, te muerdo el brazo, y te golpeo la pancita.
Y tú me dices que así, sí.
si llenas todos tus vasos con la misma cantidad de agua, alguno de ellos terminará rebalsando.
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