Amo su cuerpo, sus ojos, sus labios, su espalda, su piel blanca, sus manos, sus mejillas rosadas.
Amo su alma, esa forma paciente que me tiene de tratar.
Amo sus sueños, su forma de ver la vida.
Amo verlo siendo empeñoso, realista, amo la forma como me incluye en todas sus metas, de como me sigue en todas mis mañas.
Amo las ganas que tiene de surgir, amo su fidelidad, amo lo atento a los detalles que es, para así nunca ponerme triste o pasarme a llevar.
Amo que siempre tiene algo lindo para decirme.
Amo dormir en su pecho y sentir sus abrazos luego de amarnos a esa de la madrugada.
Amo esa cara que me pone cuando me dice que me ama.
Amo sus piernas y de como se apega bien antes de dormir.
Amo su alma.
Pero más que todo eso, le amo a usted.
Espera
Toda la noche le esperó, con el corazón prensado en los durmientes, en el sobresalto que vendrá a ser la memoria. Los silbatos estriaban la madrugada, entre la neblina él y el cansancio de los extranjeros. Nunca volví. Suspendido en el brillo de los ojos, quieto desde la estación de San Bernardo, observo los trenes que llegaban, de donde nunca partió mi regreso.
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