Y de las cosas más perfectas y tiernas que pueden ocurrirme cuando estoy con él, es de esas veces en las que tengo las manos frías y él entrelaza sus manos con las mías para calentarlas.
Espera
Toda la noche le esperó, con el corazón prensado en los durmientes, en el sobresalto que vendrá a ser la memoria. Los silbatos estriaban la madrugada, entre la neblina él y el cansancio de los extranjeros. Nunca volví. Suspendido en el brillo de los ojos, quieto desde la estación de San Bernardo, observo los trenes que llegaban, de donde nunca partió mi regreso.
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