Lo quiero solo para mí, como la Navidad de cuando tenía ocho años —cuando en las Navidades todos se abrazaban— y me regalaron mi primera guitarra, a la que puse de nombre Prohibido el paso, como si nadie excepto yo pudiera tocarla.
si llenas todos tus vasos con la misma cantidad de agua, alguno de ellos terminará rebalsando.
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