Ya sé que yo no tengo curvas de infarto, ni piernas de taquicardia.
No soy una chica de esas que las ves pasar y piensas “¿quién besará esos labios?”.
Mi ombligo no es la tierra prometida, ni mis caderas el paraíso de nadie.
Pero si soy con la que baja la guardia, para esconderse en mis brazos.
si llenas todos tus vasos con la misma cantidad de agua, alguno de ellos terminará rebalsando.
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