"Qué chico tan guapo", pensé.
Era un conjunto de mañas perfectas.
A veces las tormentas también merecen que las quieran, y que las abracen. Y no sé, cómo ni dónde, pero que me enamoré de lo guapa que era su risa, su forma de caminar y de hablarle a la vida que sí se puede.
Espera
Toda la noche le esperó, con el corazón prensado en los durmientes, en el sobresalto que vendrá a ser la memoria. Los silbatos estriaban la madrugada, entre la neblina él y el cansancio de los extranjeros. Nunca volví. Suspendido en el brillo de los ojos, quieto desde la estación de San Bernardo, observo los trenes que llegaban, de donde nunca partió mi regreso.
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