Toda la noche le esperó, con el corazón prensado en los durmientes, en el sobresalto que vendrá a ser la memoria. Los silbatos estriaban la madrugada, entre la neblina él y el cansancio de los extranjeros. Nunca volví. Suspendido en el brillo de los ojos, quieto desde la estación de San Bernardo, observo los trenes que llegaban, de donde nunca partió mi regreso.
.. hasta tan tarde en la mañana que ya fuera hora de la siesta y dormir una siesta tan larga que ya fuera hora de acostarse y al acostarse dormir tan bien y profundo que al dia siguente sintiera por primera vez esas ganas de levantarme ...
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