¡Rayos! no sabía como curarlo. A veces solía llorar y me desmorono por completo verlo así. Lo abrazo con todas mis fuerzas para que mi cuerpo emita ese mensaje de “no estas solo, yo te cuido ahora", de inmediato se vino a mi mente algo que él decía: “no hagas tantas preguntas solo ámame”.
Espera
Toda la noche le esperó, con el corazón prensado en los durmientes, en el sobresalto que vendrá a ser la memoria. Los silbatos estriaban la madrugada, entre la neblina él y el cansancio de los extranjeros. Nunca volví. Suspendido en el brillo de los ojos, quieto desde la estación de San Bernardo, observo los trenes que llegaban, de donde nunca partió mi regreso.
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