Ayer, después de veinte días sin saber de ti me dio por buscarte, quería preguntarte «¿por qué?» Miré a lo lejos tu luz encendida. Te imaginé leyendo, tranquilo, con tu barba a medio crecer y ya sin rastro de mí en tu pecho. No me atreví a tocar.
Espera
Toda la noche le esperó, con el corazón prensado en los durmientes, en el sobresalto que vendrá a ser la memoria. Los silbatos estriaban la madrugada, entre la neblina él y el cansancio de los extranjeros. Nunca volví. Suspendido en el brillo de los ojos, quieto desde la estación de San Bernardo, observo los trenes que llegaban, de donde nunca partió mi regreso.
Comentarios
Publicar un comentario